Papa Francisco alerta de dos idolatrías que impiden al creyente ver su destino

Por Walter Sánchez Silva

El Papa Francisco celebrando Misa en la capilla de la Casa Santa Marta. Foto L'Osservatore Romano

El Papa Francisco celebrando Misa en la capilla de la Casa Santa Marta. Foto L’Osservatore Romano

VATICANO, 13 Nov. 15 / 07:33 am (ACI).- En la homilía de la Misa que celebró esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta donde reside, el Papa Francisco advirtió sobre dos idolatrías en las que pueden caer también los que tienen fe que impiden contemplar la belleza de Dios, el destino final de toda persona.

El Santo Padre dijo que la primera lectura y el salmo de hoy se refieren a “la belleza de la creación” pero también subrayan “el error” de “aquella gente que en estas cosas bellas no ha sido capaz de ver más allá, es decir la trascendencia”. Una actitud en la que el Papa identifica “la idolatría de la inmanencia” que hace que uno se detenga ante una belleza “sin un más allá”.

Según señala Radio Vaticano, Francisco dijo que quienes así proceden “se han apegado a esta idolatría; están sorprendidos por su poder y energía. No han pensado cuán superior es su Soberano, porque los ha creado, Aquel que es principio y autor de la belleza. Es una idolatría mirar las bellezas –tantas– sin pensar que habrá un ocaso. También el ocaso tiene su belleza… Y esta idolatría de estar apegados a las bellezas de acá, sin la trascendencia, todos nosotros corremos el riesgo de tenerla. Es la idolatría de la inmanencia. Creemos que las cosas son como son, son casi dioses, que jamás terminarán. Olvidamos el ocaso”.

La segunda idolatría sobre la que alertó es la de los hábitos” que ensordecen el corazón. Para explicarla, el Pontífice se refirió al Evangelio del día con su descripción de los hombres y las mujeres en tiempos de Noé o los de Sodoma cuando “comían, bebían, tomaban esposa y esposo” sin preocuparse por otra cosa.

“Todo es habitual. La vida es así: vivimos así, sin pensar en el ocaso de este modo de vivir. También esto es una idolatría: estar apegado a los hábitos, sin pensar que esto terminará. Y la Iglesia nos hace ver el final de estas cosas. También los hábitos pueden ser pensados como dioses. ¿La idolatría? La vida es así, vamos adelante así… Y así como la belleza terminará en otra belleza, nuestro hábito terminará en una eternidad, en otro hábito. ¡Pero está Dios!”

El Santo Padre explicó que ante el peligro de estas dos idolatrías es necesario dirigir la mirada “siempre más allá”, hacia “el hábito final”, al único Dios que está más allá “del fin de las cosas creadas”, como la Iglesia enseña ahora que concluye el Año litúrgico, para no repetir el error de mirar atrás como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si “la vida es bella, también el ocaso será muy bello”.

El Papa resaltó finalmente que “nosotros  –los creyentes– no somos gente que vuelve atrás, que cede, sino gente que va siempre adelante. Ir siempre adelante en esta vida, mirando las bellezas y con los hábitos que tenemos todos nosotros, pero sin divinizarlas. Terminarán… Que sean estas pequeñas bellezas, que reflejan la gran belleza, nuestros hábitos para sobrevivir en el canto eterno, en la contemplación de la gloria de Dios”.

A continuación, las lecturas del día en las que se basó la reflexión del Santo Padre:

Primera Lectura: Sabiduría 13,1-9
“Si lograron averiguar el principio del cosmos, ¿cómo no encontraron a su Dueño?”

Eran naturalmente vanos todos los hombres que ignoraban a Dios y fueron incapaces de conocer al que es, partiendo de las cosas buenas que están a la vista, y no reconocieron al Artífice, fijándose en sus obras, sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve, a las órbitas astrales, al agua impetuosa, a las lumbreras celestes, regidoras del mundo.

Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses, sepan cuánto los aventaja su Dueño, pues los creó el autor de la belleza; y si los asombró su poder y actividad, calculen cuánto más poderoso es quien los hizo; pues, por la magnitud y belleza de las criaturas, se descubre por analogía el que les dio el ser.

Con todo, a estos poco se les puede echar en cara, pues tal vez andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar; en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran, y su apariencia los subyuga, porque es bello lo que ven. Pero ni siquiera éstos son perdonables, porque, si lograron saber tanto que fueron capaces de averiguar el principio del cosmos, ¿cómo no encontraron antes a su Dueño?

Salmo Responsorial: 18
“El cielo proclama la gloria de Dios.”

El cielo proclama la gloria de Dios, / el firmamento pregona la obra de sus manos: / el día al día le pasa el mensaje, / la noche a la noche se lo susurra. R. Sin que hablen, sin que pronuncien, / sin que resuene su voz, / a toda la tierra alcanza su pregón / y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

Evangelio: Lucas 17,26-37
“El día que se manifieste el Hijo del hombre”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos.

Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acordaos de la mujer de Lot.

El que pretenda guardarse su vida la perderá; y el que la pierda la recobrará. Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejaran.” Ellos le preguntaron: “¿Dónde, Señor?” Él contestó: “Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo”.


Fuente: aciprensa.com

Editado y compartido: Jose Enrique Rodriguez Zazueta
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