“El mayor entre ustedes que sea el servidor”

El problema de los  escribas y fariseos es “que dicen y no hacen”, actúan “para ser vistos”, “quieren los primeros puestos” y ser reconocidos . En otras palabras, quieren sentirse importantes; esto contrasta con las frases del final del evangelio: que el mayor sea el servidor; “el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será enaltecido” (v. 12).
El problema de los escribas y fariseos es “que dicen y no hacen”, actúan “para ser vistos”, “quieren los primeros puestos” y ser reconocidos . En otras palabras, quieren sentirse importantes; esto contrasta con las frases del final del evangelio: que el mayor sea el servidor; “el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será enaltecido” (v. 12).

Mateo 23,1-12

1.Lectura

¿A quién se dirige Jesús? ¿En dónde se han sentado los escribas  y fariseos? ¿Qué razones da Jesús a los discípulos y a la gente para que no imiten la conducta de los escribas y fariseos? ¿Con qué finalidad actúan? ¿Cómo les gusta que los llamen?

La gente y los discípulos no deben dejar que los llamen Rabí (Maestro) ¿por qué?

No deben llamar a nadie “Padre” ¿por qué? Tampoco deben dejarse llamar “instructores” ¿por qué?

¿Con qué frases termina esta sección del evangelio?

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Es necesario aclarar algunos elementos para comprender mejor el texto que hemos leído. El evangelio más que atacar quiere prevenir. De hecho se dirige a la gente y a los discípulos (23,1); sólo hasta un segundo momento se dirigirá en un lenguaje directo contra los escribas y fariseos (v. 13) . La finalidad de prevenir se refuerza al constatar que en el v. 8 dice: “ustedes, en cambio, no…”.

El problema de los  escribas y fariseos es “que dicen y no hacen”, actúan “para ser vistos”, “quieren los primeros puestos” y ser reconocidos . En otras palabras, quieren sentirse importantes; esto contrasta con las frases del final del evangelio: que el mayor sea el servidor; “el que se ensalce, será humillado; y el que se humille será enaltecido” (v. 12).

Ahora pongamos atención en los significados de “Rabí”, “Padre” e “Instructor”. “Rabí” es un término hebreo que se conservó casi idéntico en griego y en español; suele traducirse por “maestro” y en su origen fue un título de autoridad aunque, con mucha seguridad, en el primer siglo d. C. era un título de honorabilidad para dirigirse a alguien. En el caso de Mateo la única persona que se dirige a Jesús con este título es Judas (Mt 26,25.49); los otras dos ocasiones en las que aparece este término es en nuestro texto. En el capítulo 23 Rabí se relaciona con el deseo de reconocimiento público (v. 7).Ahora bien, en las dos ocasiones en que a Jesús es nombrado Rabí éste parece confirmarlo (26,25.49) insinuando que Él es el único que se merece esta referencia.

El término “Padre” debemos comprenderlo desde el tipo de familia de aquella cultura. La familia estaba formada por un amplio número de miembros: el papá, la mamá, los hijos, las nueras, los yernos, los esclavos y hasta por las personas que les debían ciertos favores al jefe de la casa. Lo más interesante en este caso es que el padre de familia era considerado el jefe absoluto, el dueño de todo y quien tenía potestad sobre todos los demás miembros de la familia. Esto ayuda a comprender por qué el evangelio afirma que uno es el Padre de todos, el del cielo.

“Instructor”, “el que proporciona instrucción”, es decir, el tutor. Más aún, de acuerdo a ciertos estudios que se han realizado de este término, podría pensarse en una instrucción privada que concede conocimientos a los que los demás nunca tendrán acceso.

Las razones son de peso: uno solo es el Maestro, uno solo es el Padre (el del cielo) y uno solo  es el Tutor (Cristo). La razón dada en el v. 8: “(porque) todos ustedes son hermanos” puede estar afectando directamente a las otras afirmaciones.

El contenido de este evangelio va más allá de un problema de términos; afronta con mucha seriedad un asunto de actitudes comunitarias en la comunidad de Mateo. El autor del evangelio se sirve de un recuerdo para darle una enseñanza a su comunidad.

Jesús no estuvo de acuerdo con la incoherencia, con decir una cosa y hacer otra. Más aún, el evangelio además de la incoherencia desenmascara la desfachatez de exigir a otros que hagan lo que uno mismo no está dispuesto a cumplir ni en el más mínimo detalle. Además, se deja suficientemente claro que cuando alguien quiere ser importante de manera inadecuada –y con intenciones torcidas- termina haciendo de la apariencia y de la hipocresía sus características principales.

Los discípulos, si quieren construir una auténtica comunidad cristiana- deben considerarse y comportarse todos como hermanos. Desde esta perspectiva no es malo que existan maestros, guías, instructores, gente que tenga actitudes de padre…el problema surge cuando estas funciones comunitarias se quieren ejercer (y de hecho a veces son ejercidas) al margen de la verdadera fraternidad. Cuando alguien enseña y guía sin tomar en serio su responsabilidad de hermano con mucha facilidad cae en actitudes dictatoriales.  Sólo Dios (y Cristo) son EL Maestro, EL Padre y EL Instructor; quien tenga una responsabilidad comunitaria en estos ámbitos desempeñará mejor su función sólo en la medida que la desempeñe con los criterios de Jesús.

Ahora bien, no debemos perder de vista que quizás la afirmación más fuerte que posee este texto es la del Padre: “ni llamen a nadie padre suyo en la tierra porque uno solo es su Padre: el del cielo” (v. 9). Si tomamos en cuenta que la casa se regía por el señorío absoluto del padre y que, además, él era el dueño de todo y el juez de todos, se alcanza a percibir en esta afirmación el deseo profundo de eliminar cualquier elemento de dominio en la comunidad cristiana.

Por último, el ser humano tiene naturalmente un deseo profundo de ser importante; no hay que negarlo; al contrario, hay que aceptarlo con naturalidad. El problema es que con mucha facilidad nos equivocamos en el momento de elegir el modo. Si alguien quiere ser importante en la comunidad debe servir. Si algunos quieren ser guías, instructores, y responsables de la comunidad deben dejarse guiar en todo momento por la manera de pensar y actuar de Jesús. Por el contrario, si alguien quiere conseguir esto a su antojo y ser importante al margen de los criterios del Maestro, sus “servicios” no tendrán ninguna autoridad moral.

Cualquier servicio debe tener como fundamento que somos hermanos y que la referencia para desempeñarlo adecuadamente no es el modelo empresarial o político sino el comportamiento de Jesús y la paternidad amorosa de Dios.

2.Meditación

¿En qué me hace reflexionar este evangelio?

3.Oración

Alabemos a Dios por las personas que se esfuerzan seriamente por ser coherentes entre lo que dicen y hacen.

Pidámosle perdón por las ocasiones en que con nuestro comportamiento estamos lejos de lo que decimos creer y pensar. También roguémosle que nos perdone las ocasiones en que hemos querido ser importantes pero dominando y oprimiendo, no sirviendo.

Pidámosle también que cualquier servicio que hagamos de guiar, de acompañar, de enseñar… sea comportándonos como hermanos.

4.Contemplación – acción

Busquemos algún propósito.


(1) Mateo contrasta con Lc 11, 37-54 que desde el comienzo presenta a Jesús dirigiéndose directamente a los fariseos.

(2) Vale la pena aclarar que las filacterias eran unas pequeñas cajas, generalmente de piel, que contenían algunos pasajes de la Escritura; éstas eran atadas en la frente y en los brazos como una obediencia literal de Ex 13,9 y Dt 6,8; 11,18.2. Además, los escribas y los fariseos son acusados de querer los primeros lugares; en una comida estar en el primer lugar, significaba estar a la derecha del jefe de la casa (Lc 14,7-8). Los lugares de honor en la sinagoga se refieren, presumiblemente, a aquellos espacios que estaban adelante; quien se sentaba ahí era visto por todos. Por último, los saludos en las plazas se refieren a ciertos gestos de respeto o reconocimiento que deberían darse a los jefes religiosos.


Fuente: http://caritasmexicana.org/ceps-caritas/reflexiones/1667-el-mayor-entre-ustedes-que-sea-el-servidor.

Publicado: P. Toribio Tapia Publicado el 26 Octubre 2011

Compartido por : Jose Enrique Rodriguez Zazueta

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